Niños y jóvenes bien educados – El Colombiano

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La construcción de un proyecto educativo capaz de estimular en los niños y jóvenes un mejor desempeño académico y social debe ser una meta innegociable e irrenunciable de Medellín. La ciudad acaba de ser destacada por la Unesco debido a que tiene uno de los 10 mejores modelos de aprendizaje del mundo, pero ello no debe relegar la exigencia de que se eleve el nivel en pruebas e indicadores de saber a nivel nacional, ni minimizar la deserción escolar que se presenta, en especial en jóvenes entre los 14 y los 17 años de edad.

Esta distinción, que entre sus premios tiene hacer en Medellín un “foro internacional de ciudades del aprendizaje”, en octubre próximo, es el resultado de un esfuerzo y un plan sostenidos de visión gubernamental, en los últimos 15 años, en torno a la educación como factor determinante de cambio social y económico.

Entre la educación formal y no formal, entre el conocimiento académico y los “saberes populares”, y entre la enseñanza escolar y la cultura ciudadana, Medellín ha dado pasos determinantes para abrirse y encontrarse con el mundo: desde el turismo, desde su reingeniería social, desde el descubrimiento de sus potenciales en todas las escalas socioculturales, hoy vemos crecer generaciones que poco a poco se emparentan más con el respeto de la legalidad y que multiplican valores de convivencia y respeto a la vida.

Esa renombrada resiliencia ciudadana —la capacidad de convertir en oportunidades de cambio los conflictos, daños y dolores desencadenados por la violencia y la criminalidad— sin duda cambió la cara de una ciudad agobiada y en duelo, por la de una urbe optimista y recursiva que hoy tiene en sus niños y jóvenes el mayor activo para el cambio a través de la educación.

De ahí que la mención de la Unesco y el foro con líderes de la educación mundial, a finales de 2019, deben recargar de energía e ideas el tratamiento y solución de los problemas que, en materia educativa, aún afectan a la infancia y la adolescencia de la capital de Antioquia.

Cifras de Medellín cómo vamos dicen que la deserción escolar bajó del 3,4 % al 3,2%, entre 2015-2016. La Alcaldía registra un descenso del 3,4 al 2,9. Más allá de estas diferencias porcentuales, es evidente el mandato para que se ataquen los factores que ocasionan que a los 14 años los jóvenes de Medellín se vean tan expuestos y tentados a abandonar la vida escolar, con el riesgo consecuente de ser reclutados por las bandas y combos. Es una deserción que el Ministerio de Educación considera alta y debe bajar.

El otro gran pilar que debe fortalecerse, aceptado por diferentes actores oficiales y no gubernamentales, es el Programa Buen Comienzo, cuyas bondades muestran que el acompañamiento integral de los niños desde temprana edad, con apoyo alimentario y sicosocial, forma ciudadanos más firmes para afrontar las exigencias y retos del entorno.

El conocimiento académico suministrado en contextos familiares y comunitarios vacíos de afecto y oportunidades, sin contacto con una institucionalidad fuerte y amigable, tiende a diluirse y a sucumbir ante las ofertas de una ilegalidad con finanzas e ingenio para aprovecharse de la inexperiencia y arrojo de los jóvenes e instrumentalizarlos.

Medellín debe celebrar estos logros, pero sin perder el sentido de las proporciones ante las pruebas mayúsculas que aún falta superar en el campo de la educación.

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